Casi tres meses, el tiempo vuela, y con él se va la tristeza, cada vez duele menos, pero aún golpea con fuerza, cuando menos te lo esperas.
Reconozco que sigo sintiendole cerca, pero que por alguna razón me rehuye.
El destino le cruzó en mi camino, la vida me lo quitó, pero no hay forma de que desaparezca.
Sigue apareciendose, a donde quiera que vaya, sitios tan absurdos, pero que me inundan.
Cada mañana veo el banco donde nos dimos el primer beso, cada día cojo el autobús en la parada donde me acompañó la primera vez que quedamos, y aunque suelo evitar pensarlo cuando paso, la esquina de la calle donde le vi la primera vez...
Cada vez duele menos, me siguen hablando sus amigos de vez en cuando, y ya apenas me molesta, si no lo pienso no me rayo. Pero el dilema surge cuando evitas pensarlo, en resumen, te rayas lo quieras o no.
Ya no dura tanto, lo que peor llevo es la ansiedad que me sigue causando. La presión en el pecho, el sentimiento de ahogo y de asfixia, la falta de aire, las lágrimas que salen solas, por el agobio de la situación... La ansiedad me la fumo, la quemo y desaparece, la derroto a diario en cada calo que doy.
Mi guerra diaria, la que libro sola, en la que sólo el tiempo me dará la victoria. O eso espero. Un vicio insano, pero como todos, al menos lo hago por una razón.
La putada, se lo tiene aprendido y Ansiedad me ataca por las noches, inspiro con fuerza y la mando lejos, y cuando puedo levanto unas defensas de humo en mis pulmones, y no se acerca, me ronda, débil.
Mi objetivo es alejarla, para siempre, tengo un arma secreta dentro de mi mente, y no podrá torturarme, ni presionarme, a pesar del dolor, lo aguanto, soy fuerte
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