Recuerdo mirar las estrellas y sentir la felicidad chispeante en cada centimetro de mi cuerpo.
El solo roce del viento me hacía vibrar, esa brisa que acariciaba mi pelo, mientras el olor a mar nos inundaba.
Recuerdo abrazarme a ti mientras suavemente nos besabamos al vaivén de las olas.
El agua salada tapaba mis lagrimas de felicidad al sentirme la persona más afortunada del mundo.
Ahogabamos la risa en un beso, mientras el mundo se detenía, la gente nos miraba con envidia. Mientras tanto tú y yo inflabamos nuestra burbuja, la adornabamos con amor, se hinchaba de pasión. Y mientras tanto yo te sonreía, me creía todas y cada una de tus caricias, las creía verdaderas, me hundía en tu abrazo, siendo eso lo que necesitaba como sustento, me fundia en tus besos, siendo ellos mi perdición.
Que mi mayor droga eras tú, solo tú, siempre tú. Dormir abrazada a tu pecho era siempre mi deseo, que me acariciaras, tú, dueño de esos privilegios, notar tu toque como algo más, hacerme vibrar solo con mirarme, me hinchabas de vida con cada palabra que decías, cuidarte cual niño pequeño, porque es así como yo me sentía.
A tu lado yo tan pequeña y tu tan grande, mi escudo protector frente a todos mis males, nada me rozaba sin tu consentimiento, y mírame ahora, sin futuro ni presente, perdida, mirando las estrellas, esperando ver tus ojos en cada una de ellas, esperando que el aire me traiga los restos de tu aroma, buscando tu silueta entre la gente, esperando oír tu risa, esperando que me dediques otra sonrisa, aunque sea la última para así poder grabarla a fuego en mi corazón, escuchar brevemente el eco de tu voz, volver a tocarte el pelo, volver a sentirte tan cerca de mí que me ruborice entre parpadeos, volver a mirar las estrellas agarrada de tu mano.
Tú que fuistes mi mayor confidente, quien me conoce mejor que nadie, quien tiene esos privilegios de piel... Tú, si tú, quién me ha tratado como a una colilla tirandome a la cuneta, a quien a pesar de todo quiero con bastante fuerza, a quien necesito como al respirar, el que me prometió la luna, el que me enseñó a sonreír, con quien aprendí a vivir, con quien mantuve cientos de primeras veces...
A quien lloro cada noche, por quien pido cada día.
A quien deseo correr cuando todo me sale mal, quien con un simple abrazo me hace las penas olvidar...
Tú que me hicistes daño eres el unico que seria capaz de sanarme.
Pero ese anhelo está lejos de tornarse realidad, por eso ahora solo quiero soñar. Que esto es una pesadilla, y que tu estás al otro lado de la pantalla, escribiendome, preparando tu abrazo, mientras que con tus manos recojes mis lágrimas.
Lo afirmo una vez más. Te echo de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario