El ruido de la tele, atracciones, gente barullo...
Ruido. Todo se resume a eso.
Todo se resume en el agobio que produce esa mezcla, como se revuelven los pensamientos, hace un año era distinto. Todo mágico, no tan sencillo.
La mínima cosa de esa feria errante me recuerda que viví una época de felicidad, pasajera.
Sentimientos enterrados que luchan por volver a salir, y mientras yo decido seguir sepultandolos, que no salgan hasta que me haya recuperado.
Luchan como titanes, encerrados, apagandose, mientras yo me marchito y me sigo quemando, mi interior sigue rugiendo, algo dentro de mí, me incita a salir, gritar, saltar, reír... En definitiva, vivir.
Pero mi otra parte se niega, dice estar cansada, dice no tener ganas, se sienta fuma y piensa. Y al final la buena cede ante esa sensación de vacío y de asfixia. Un gesto de desprecio a la alegría, declarandole la guerra a la simpatía. Cuando lo único para lo que quedan fuerzas es para fumar, las ganas de reírse se desvanecen y la fuerza para soñar se pierde..
A veces soñamos despiertos, imaginando cómo será el futuro que queremos, y nos damos cuenta con los tropiezos de que todo es efímero.
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