Luchando

Lucho por los sentimientos con la fuerza de un coloso, muy consciente y enterado que el amor es caprichoso.

viernes, 26 de abril de 2013

Pesadillas.

Aquella oscuridad acechaba desde el fondo, por más que corría, menos avanzaba. Mis piernas se movían con rapidez, pero antes incluso de que pudiese recorrer una distancia corta, la niebla ya estaba envolviendolo todo a su paso.
No quedaba nada de luz, ni siquiera los reflejos de lo que había a mi alrededor, solamente oscuridad.
Una oscuridad tan espesa que era imposible no ahogarse, tan fría como el roce del hielo y tan cortante como el filo de una espada.
Una oscuridad que te envolvía y te calaba los más profundo del alma, la había visto venir, pero quizás no me había esforzado lo suficiente como para huir de ella.
Sentí el impulso de huir, me estaba ahogando, no sabía en qué dirección correr, o si de verdad me estaba moviendo.
No notaba nada, estaba paralizada, como esperando algo de aquella negrura. Tan espesa y oscura como el tizón.
No sabía que hacer en ese momento, asíque me senté. No sabía hacia donde daba el norte, tal vez estuviese volviendome loca y la poca cordura que me quedaba era la de estar entregada a la niebla, o si era solo una mala pesadilla de la que pronto despertaría...
Podrían ser muchísimas cosas, infinidad de posibilidades.
Me senté y observé a la nada, como la niebla lo devastaba todo a su paso, como lo que antes era un bello prado que rebosaba felicidad y alegría se convertía en.un cementerio de recuerdos y tristeza, donde vagaban mis esperanzas pasadas.
Esos recuerdos que no mueren, sólo se cambian de sitio a placer suyo, para su propio deleite...!
Esos recuerdos que en el momento más inoportuno aparecen. Arrebatandote el calor de tu cuerpo, robandote las emociones y las ganas de sonreír.
Esos recuerdos que te llenan de vacío, y que te dejan peor de lo que estabas.
Intenté visualizar una luz mirando a cualquier parte, simplemente por observar. Me estaba agobiando.
Quería salir de ahí buscaba una salida, un pozo al que saltar, un muro que trepar pero no había nada.
Esa sensación fría se convirtió en una compañera, siempre fiel a su causa, se me presentó como Soledad. Y a su lado acabé por sentirme cómoda, recuerdo la calidez de la luz, la alegría que te llenaba, las ganas con las que hacías cualquier cosa en sus amplios prados alegres.
Esa alegría ahora la encuentro brevemente y por períodos muy cortos en hacer cosas poco sanas. En mi niebla tengo de todo, no me falta de nada, sólo la compañía de otra persona, pero rechazo la idea, no estoy preparada para volver a la luz, me he acostumbrado a estar sola, a no agobiarme por nada ni por nadie. No estoy preparada para dejarla atrás. Tengo miedo de hacer daño a alguien que no sea yo misma.
La luz aún me puede cegar, lo que quiere decir que no estoy lista.
Descubrí que esa oscuridad viene de mi corazón, mi alma echa pedazos por una traición, y aún, no he recobrado el juicio ni las ganas.
El miedo atenaza a cada instante, siempre presente, siempre a flor de piel.
Tengo miedo de mi misma. Tengo miedo de ser feliz, aunque lo extrañe, tengo miedo de vivir o de ser constante.
Aún es muy pronto y la herida aún sigue sangrando.

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